La salida del sol apenas empieza a verse desde las ventanas del autobús escolar, pero estos alumnos de cuarto grado no van a la escuela. En lugar de eso están haciendo algo que algunos de ellos no han hecho nunca en su vida: un viaje fuera de su ciudad, Mexicali, capital de estado mexicano de Baja California. Las ventanas del autobús están empañadas por el permanente polvo del desierto, por el esmog industrial y por el humo de la quema de basura que ahoga el aire que respiran. Avanzan lentamente con el tránsito, que circula cuadra tras cuadra de pavimento y concreto, con muy pocos parques o áreas verdes. Hace calor y el ambiente está sumamente seco. Los escasos cuerpos de agua que se ven son drenes agrícolas cubiertos de sucias aguas estancadas y desechos. Conforme se alejan de los límites de la ciudad, el espacio se abre hacia campos agrícolas, pero no hay verdaderas áreas naturales. A lo largo del camino, en muchas de las áreas abiertas que no están sembradas con cultivos comestibles, hay crecientes pilas de llantas viejas, basura y otros desechos abandonados ilegalmente. Eventualmente, el autobús empieza a seguir un canal que corre paralelo al lecho casi completamente seco de un río. El canal transporta agua desviada del Río Colorado. El lecho casi completamente seco es el Río Colorado. Pero los niños no lo saben… todavía.

Finalmente, como a una hora de distancia del calor y del paisaje urbano, el autobús se detiene. Las puertas se abren y —como por arte de magia— los niños descienden directamente a un bosque denso y sombreado. Con animales… e insectos… y agua.

“De hecho están algo asustados”, comenta Gabriela González Olimón, coordinadora de educación ambiental de nuestro Programa sobre el Delta del Río Colorado. “Sienten como si estuvieran en una selva. Muchos de ellos nunca han estado en un lugar como este. Incluso algunos de los maestros no pueden creer que esto realmente exista cerca de Mexicali.”

Los estudiantes llegaron a nuestra Zona de restauración de Laguna Grande, en el Valle de Mexicali. Los esfuerzos encabezados por el Sonoran Institute a partir del 2007 para plantar y cuidar árboles nativos de álamo, mezquite y sauce han transformado esta zona en el mayor (casi cinco millas a lo largo del río) y más denso manchón de hábitat ripario nativo a lo largo del Río Colorado en México. Es uno de los pocos espacios abiertos verdes en la región, y uno de los únicos lugares donde puede verse agua que fluye en el lado mexicano del Río Colorado.

Traer estudiantes al lugar es uno de los componentes de nuestro enfoque cada vez más extenso para fomentar la educación y la participación de los jóvenes en la conservación ambiental. Además de los programas sobre el Delta del Río Colorado, también patrocinamos programas educativos sobre el Río Santa Cruz en Arizona.

El despertar de una profunda memoria cultural

“Nuestra creencia es que uno no puede interesarse por lo que no conoce”, afirma González Olimón. “Hay muchos niños en Mexicali que no tienen la oportunidad de salir de la ciudad y disfrutar de la naturaleza. La mayoría de ellos no sabe de dónde viene su agua. Nuestro programa les permite ser testigos de primera mano de un río que pensaban había desaparecido hace mucho. Pueden ver con sus propios ojos toda la vida que el agua del río hace posible. Para que nuestros esfuerzos tengan éxito a largo plazo tenemos que conectar a la nueva generación con el río, porque vamos a necesitarla para que abogue por esta labor.”

Los guías llevan al bosque a grupos de estudiantes desde jardín de niños hasta universitarios. Durante cerca de tres horas siguen huellas de gatos monteses y coyotes, identifican insectos y plantas, avistan aves migratorias, y observan castores y otra fauna silvestre que de otro modo nunca conocerían. Desde 2015, más de 4,000 personas han visitado el lugar, entre ellas más de 30 grupos escolares (cerca de 1,200 estudiantes) en 2016, durante el primer año de nuestro programa de viajes de campo. Es de esperarse que estas cifras continúen incrementándose conforme aumenta el conocimiento del programa y su valor. “Vivir la experiencia es la manera más eficaz para mis estudiantes de aprender sobre los problemas de los ecosistemas y, particularmente, del río”, sostiene Edna, profesora de preparatoria que visita la zona con su clase, de Mexicali. “Los programas del Sonoran Institute también me ayudan a capacitarme y mantenerme actualizada sobre temas relacionados con el medioambiente en el que vivimos.”

Además de los programas escolares, nuestros programas sabatinos familiares ofrecen una oportunidad a personas de todas las edades de visitar la zona de restauración para una excursión guiada gratuita, observar aves, practicar canotaje y disfrutar la oportunidad de ver el río que la mayoría creía había desaparecido con la generación de sus abuelos.

“Las reacciones son increíbles”, comenta Dzoara Rubio, nuestra asistente de educación ambiental. “En el caso de los adultos son principalmente lágrimas al ver el río y el bosque, de los que habían escuchado historias de boca de sus padres y abuelos, y que ahora pueden disfrutar con sus propias familias. Ver el río vivo nuevamente genera emociones muy fuertes en la gente de Mexicali. Despierta memorias que la conectan con generaciones pasadas, con su herencia. Instantáneamente se interesan por el río porque forma parte de ellas. De manera que, además de nuestra exitosa restauración ecológica, esta identidad cultural es otra dimensión de lo que el Sonoran Institute está rescatando en el Delta.”

Con el propósito de aprovechar aún más la concientización ambiental sobre el Delta tenemos planeado ampliar nuestros programas educativos para abarcar más comunidades, particularmente aquellas cuyos estrechos lazos con el río se remontan a siglos atrás, tales como la población del Valle de Mexicali y la comunidad indígena Cucapá. Nuestro objetivo es eventualmente incluir nuestras cuatro zonas de restauración en el programa y continuar instalando centros interpretativos, señalización, y torres para la observación de aves a fin de reforzar la experiencia educativa de los visitantes.

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Estudiantes visitan uno de los viveros de Sonoran Institute en el Delta del Río Colorado para aprender sobre biología de las plantas.

 

Descubrir el Río Santa Cruz vivo

Del otro lado de la frontera y un par de cientos de millas en línea recta, nuestras actividades de restauración en un afluente del Río Colorado, el Río Santa Cruz, ofrecen oportunidades a los estudiantes de Arizona para aprender acerca del tesoro ambiental que se encuentra en su propio patio trasero.

Como el Colorado, el Santa Cruz es un río binacional, y de hecho tiene la distinción de ser el único río que cruza dos veces la frontera México-Estados Unidos. El río nace en el Valle San Rafael de Arizona, fluye hacia Sonora, México, y enseguida hace un meandro en forma de herradura antes de cruzar de regreso a Arizona cerca de Ambos Nogales. De allí, fluye hacia el norte a través de Tucson y eventualmente se conecta con el Río Gila, que desemboca en el Río Colorado. Fuente indispensable de agua en el desierto, el Río Santa Cruz ha estado atrayendo gente a sus orillas desde hace más de 12,000 años; desde los pueblos nativos Tohono O’odham, pasando por colonizadores y misionarios españoles, y por último colonizadores estadounidenses.

Uno de los legados de la mezcla de culturas reunidas por el río es la rica herencia alimentaria que la región disfruta en la actualidad. En 2016, Tucson se convirtió en la primera ciudad estadounidense en obtener el título de “Ciudad Mundial de Gastronomía” de la UNESCO, debido en gran medida a sus diversas tradiciones alimentarias y a su habilidad para documentar el historial agrícola más largo del continente, todo hecho posible gracias a lo que de muchas maneras se ha convertido en un río olvidado.

La cara opuesta de la importancia del Santa Cruz ha sido su explotación. El río nunca fluyó de un extremo a otro todo el año, sino que el uso extensivo de su caudal para irrigación y el bombeo de agua de sus mantos freáticos durante el siglo pasado secó los largos tramos que fluían habitualmente. Gran parte del flujo del Río Santa Cruz ahora depende de un efluente de aguas residuales sujetas a considerable tratamiento. Hasta que se modernizaron la Planta Internacional de Tratamiento de Aguas Residuales de Nogales, en Rio Rico, Arizona (2009), y dos plantas de tratamiento propiedad del Condado de Pima en el área de Tucson (2014), los peces habían virtualmente desaparecido del río y millas de ribera permanecían áridas debido a la mala calidad del agua.

“Desde la creación del Sonoran Institute en 1990, nos hemos enfocado a restaurar la salud del Río Santa Cruz y su cuenca”, afirma Claire Zugmeyer, ecóloga del Sonoran Institute. “En 2009, nos embarcamos en un esfuerzo por comprender la salud del río y la manera en la que estaba cambiando, de modo que nosotros y muchas otras organizaciones que realizábamos labores de conservación en el río pudiéramos orientar nuestros esfuerzos de custodia más adecuadamente. Fue entonces cuando lanzamos la iniciativa Living River Río Vivo). Desde entonces, nuestros informes anuales Living Riverque documentan las condiciones del Santa Cruz han sido parte importante de este esfuerzo.”

La primera serie de informes Living River se centró en un tramo del río de 20 millas de extensión, desde Rio Rico hasta Amado, en el Condado de Santa Cruz, Arizona, al que confusamente se le denomina “cuenca alta” del Santa Cruz. Si bien se encuentra en el tramo sur del río, el término “alta” hace referencia a su mayor elevación. A partir del 2012, también empezamos a documentar las condiciones de lo que el Sonoran Institute denomina “cuenca baja” del Río Santa Cruz (el tramo norte, de menor altura, con flujos de efluentes) como parte de una iniciativa conjunta con el Condado de Pima. El primer informe Living River sobre la cuenca baja del Santa Cruz documentó condiciones iniciales en un tramo de 23 millas al noroeste de Tucson, antes de que el Condado de Pima invirtiera 600 millones de dólares para modernizar sus instalaciones de tratamiento de aguas residuales. Desde entonces hemos dado seguimiento a los cambios y mejoras en el Río Santa Cruz con respecto a su fauna y peces nativos, y a la capacidad general del público para disfrutar del río.

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Los estudiantes del área de Tucson visitan el Río Santa Cruz para aprender sobre la ecología de ríos. Imagen cortesía del Condado de Pima.

 

 

Resurgimiento de un río “olvidado”

Los informes de Living River representan la columna vertebral de nuestras actividades de difusión educativa sobre el Santa Cruz. El programa Living River of Words (Río Vivo de Palabras) fue diseñado para que estudiantes de entre 5 y 19 años de edad exploren sus relaciones con el río a través del arte y la ciencia. Living River Academy (Academia Río Vivo), un seminario del Condado de Pima para profesores de la zona, con duración de dos días, orienta a los docentes sobre cómo utilizar el informe de Living River en sus cursos. El objetivo de ambos es crear conciencia y aprecio sobre la importancia del medioambiente ripario.

Artist: Raine Ugstad
Artista: Raine Ugstad

“Gracias al efluente de las instalaciones de tratamiento del Condado de Pima, el agua fluye durante todo el año en gran parte de la cuenca baja del Río Santa Cruz, pero muchas personas no lo saben”, comenta Zugmeyer, quien coordina los informes de Living River. “El río ha quedado escondido tras fraccionamientos comerciales y solo se ha vuelto más accesible recientemente gracias al sendero recreativo LOOP recreational trail

y a otros parques que se han construido en el área de Tucson conforme las condiciones del río han mejorado. Aun así, son muchos los estudiantes —y padres— que no saben que existe un río ahí, por qué es importante, o de dónde proviene el agua que utilizan. Estamos trabajando para que esto cambie.”

A través de Living River of Words, los estudiantes aprenden sobre el río de muchas maneras: visitándolo, creando trabajos artísticos acerca de él, y utilizando los informes de Living River para comprender su ecología. El Sonoran Institute proporciona financiamiento para el transporte de las visitas de campo y para que un artista visitante trabaje con los estudiantes en la creación de poesía y obras de arte visuales relacionadas con el río, que los estudiantes pueden inscribir al concurso artístico anual del programa. Los trabajos ganadores se agrupan en una exposición itinerante que se exhibe en bibliotecas públicas y galerías de arte a través del Condado de Pima. Algunos de los trabajos también se publican en el informe de Living River.

Artist: Hannah Bae
Artista: Hannah Bae

Caroline Pechuzal, profesora de ciencias ambientales en la escuela preparatoria Flowing Wells, en Tucson, ha participado en los programas tanto de Living River Academy como de Living River of Words. Utiliza el informe de Living River para mantenerse actualizada sobre lo que enseña en sus clases, y aprovecha al máximo el Living River of Words para dar significado a sus cursos.

“La única y más eficaz manera de lograr la participación de los estudiantes y hacer que se interesen más por el medioambiente es LLEVARLOS al medioambiente”, declara. “Necesitan esa experiencia táctil de interactuar con el medioambiente para realmente emocionarse e interesarse. Las escuelas públicas cuentan con fondos limitados para ofrecer estas experiencias, y muchas familias tampoco pueden permitírselas. Es por eso que es tan valioso que organizaciones como el Sonoran Institute apoyen a las escuelas financiando programas como estos.”

“Aproximadamente 80 por ciento de los niños que participan en Living River of Words nunca antes ha visto un río que fluye”, comenta Evan Canfield, del Distrito regional de control de inundaciones del Condado de Pima. “Living River of Words probablemente sea el mejor programa de difusión al público sobre el río con el que contamos en la cuenca baja del Santa Cruz. Ha incrementado la conciencia acerca del río y trasladado la conversación sobre el mismo a los salones de clase. De ahí se disemina a los padres. Como padre, hay pocas maneras más eficaces de llamar mi atención que cuando mi hijo vuelve a casa y me pregunta: ‘Papá, ¿sabías que…?’”

Desde 2015, más de 2,000 estudiantes han realizado visitas de campo al río, y 3,000 han participado en el concurso artístico Living River of Words (no es necesario participar en una visita de campo para participar en el concurso). En el futuro planeamos colaborar con nuestros aliados a fin de preparar una guía para profesores que ayudará a ampliar el número de estudiantes que participan en currículum del Living River.

Artist: Brandon ParedesArtista: Brandon Paredes
Asombrosa naturaleza

Uno de los estudiantes que ese día bajó del autobús en el Delta del Río Colorado era una niña que inmediatamente se prendió de Gaby González Olimón. “Marianna estuvo pegada a mi lado durante las dos horas que duró la caminata, interesada en todo, haciendo preguntas, interrumpiendo a los otros niños, incapaz de contener su emoción”, recuerda. “¡Me encanta la naturaleza!”, anunció Marianna. Al final de la visita, su grupo y otros grupos pequeños de compañeros se reunieron para almorzar, comparar lo que habían descubierto en sus búsquedas de tesoros, y entretenerse con algunos juegos para completar su día; Marianna participó entusiasmada.

“Para mí, ella era una niña normal, muy emocionada por todo, una estudiante de cuarto grado normal”, cuenta González Olimón. Mientras los niños jugaban, la directora de la escuela se acercó a González Olimón con lágrimas en los ojos y la abrazó. “¡No sé qué hiciste con Marianna!, le dijo la directora maravillada. Le explicó que, en la escuela, Marianna es considerada una estudiante con necesidades especiales. No habla, no tiene amigos, no participa en clase. En el bosque es una persona totalmente diferente.

El sol había cambiado de posición en el horizonte cuando Marianna y sus compañeros volvieron a Mexicali, pero fuera de ese detalle, la ciudad permanecía igual. No puede decirse lo mismo de muchos de los estudiantes. Dos días después, la directora de la escuela se comunicó con González Olimón para contarle que los padres de Marianna la habían llamado asombrados para preguntarle qué era lo que había pasado para transformar a su hija.

“Hemos logrado un cambio positivo”, afirma sonriente González Olimón.

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